En el corazón de Rioja Oriental, en el histórico pueblo de Quel (La Rioja), bajo la imponente Sierra de Yerga, Bodegas Queirón —de la familia Pérez Cuevas— ha creado un proyecto fascinante que va más allá de elaborar vino: traducir el lenguaje invisible del clima en sensaciones que se pueden oler, saborear y sentir en la copa. El reportaje de la revista MI VINO firmado por Diana Fuego y publicado aquí, nos sumerge en este “relato íntimo del territorio” a través del vino Mi Lugar, un tinto de pueblo (Vino de Pueblo de Quel) elaborado principalmente con Tempranillo y Garnacha de viñas viejas en vaso, secano, cultivadas en pequeñas parcelas entre 580 y 800 metros de altitud. Estos viñedos se aferran a suelos pobres, pedregosos y minerales, con exposiciones variadas que cambian en pocos kilómetros. Cada parcela —como El Poeta, La Perdida, La Bartola, Andañal o La Pasada— aporta su propia voz. No hay una receta fija: cada añada se ensambla de forma distinta, ajustando porcentajes según lo que la tierra y el cielo expresan ese año. El resultado es un vino vivo, cambiante y profundamente conectado con su origen.
El concepto: escuchar y traducir la naturaleza
El proyecto analiza detalladamente las añadas 2017 a 2021 para demostrar cómo el clima moldea directamente el perfil organoléptico del vino: maduración de la uva, equilibrio entre azúcares, acidez y polifenoles, concentración de aromas y estructura.
- El calor se convierte en fruta negra madura, intensidad y estructura.
- La frescura nocturna aporta tensión, viveza y acidez vibrante.
- La lluvia aporta volumen, profundidad y matices balsámicos.
- El viento trae esencias de monte bajo: romero, tomillo, hierbas aromáticas.
Una maduración lenta favorece taninos suaves y complejidad (incienso, trufa); una rápida concentra azúcares y potencia fruta madura. El reportaje lo define como “un ejercicio de humildad y amor”: el vino no impone, sino que se deja moldear por el terruño.
Las añadas: un viaje sensorial año a año
2017 – Cálido, seco e intenso (heladas primaverales y sequía) Vendimia más temprana de la historia por las altas temperaturas. Estrés hídrico concentró azúcares y taninos. En copa: aromas potentes de fruta negra carnosa (arándanos, cassis, moras), especias (pimienta, café), notas tostadas y trufa. Boca larga, redonda y sedosa, con acidez marcada pero taninos dulces y estructura poderosa. Perfil mediterráneo, elegante y concentrado. Puntuaciones destacadas: 95 Decanter, 18/20 Jancis Robinson.
2018 – Fresco, húmedo y balsámico (maduración lenta) Lluvias en invierno y primavera favorecieron rendimientos más altos y una evolución pausada. Aromas profundos y complejos: café, caramelo, monte bajo (romero, tomillo), minerales, ahumados y balsámicos. Boca fluida, sedosa, con taninos muy pulidos y final largo con recuerdos de mermelada y pan tostado. Mayor frescura y finura. Reconocimientos: Vino del Año Wine Alchemy, 93 James Suckling.
2019 – Equilibrio casi perfecto (noches frescas y maduración lenta) Condiciones ideales: maduración equilibrada gracias a las oscilaciones térmicas día-noche. Fruta vibrante y compleja: grosellas, cerezas, cassis, arándanos, moras, con especias, balsámicos, minerales e incienso/trufa. Boca aterciopelada, fresca, taninos pulidos y gran persistencia. Considerado por muchos el de mayor armonía del proyecto. 95 puntos Guía Peñín, Top 100 The Wine Merchant.
2020 – Inestable pero vibrante (vientos frescos y maduración rápida) Brotación explosiva y vientos del norte que refrescaban las noches. Aromas luminosos de frutos rojos (fresas, frambuesas, grosellas) y negros (moras, cassis), con toques balsámicos, mentolados, pan tostado, tabaco y lácteos. Boca elegante, delicada pero golosa, de gran longitud y taninos suaves. Frescura y viveza destacadas.
2021 – Volumen y potencial (lluvias tardías en septiembre) Sequía inicial aliviada por lluvias oportunas que optimizaron la madurez fenólica. Aún en proceso (se lanzará alrededor de 2026), muestra alta capa, gran volumen y cuerpo, aromas frutales intensos y balsámicos, monte bajo y complejidad. Boca fluida, persistente y estructurada. Promete gran expresión y longevidad.
Más allá del clima: el terruño y el futuro
El reportaje destaca que el proyecto sigue evolucionando: ahora incorporan también el estudio de suelos y microentornos de cada parcela. Todo el proceso respeta al máximo el origen: vendimia manual, triple selección, fermentación por gravedad, 18 meses en barrica + 6 en tina. Es un vino de pueblo que refleja la tradición del Barrio de Bodegas de Quel (más de 300 bodegas excavadas en la roca, evocadas por Bretón de los Herreros como “donde Baco tuvo más templas que en Grecia”). En resumen, este reportaje es una delicada lección de viticultura y sensibilidad. Te transporta a esos viñedos recónditos, te hace entender cómo un año seco puede dar potencia y uno húmedo elegancia, y te recuerda que los grandes vinos son, ante todo, un diálogo entre el hombre, la vid y el cielo.

