Treinta años después, Ontañón Mitología 1994 permanece como un homenaje a la sutileza máxima: la pura sedosidad del tempranillo unida a la tensión del graciano en una de las cosechas más emocionantes de la historia de Rioja
PABLO GARCÍA-MANCHA
El vino es memoria. Y en la memoria de Rioja, la añada de 1994 ocupa un lugar destacado como una de las más emocionantes del siglo XX. Algunos técnicos la equiparan incluso a la legendaria cosecha de 1964, una de las cumbres históricas de la viticultura riojana. El ciclo vegetativo comenzó con un invierno atípico, de temperaturas más altas de lo habitual y escasas precipitaciones, lo que provocó un notable adelanto en la brotación. Abril resultó clave: una ola de frío y una helada afectaron entre el 10 % y el 30 % de las yemas. Posteriormente, tormentas aisladas aportaron el agua justa para que el ciclo continuara con normalidad. A finales de agosto comenzó a notarse la sequía, pero las uvas llegaron a la bodega sanas y en un estado de maduración excelente, ideales para elaborar grandes vinos. En palabras sencillas pero certeras: eran “uvas de libro”, perfectas para elaborar reservas y grandes reservas.
Un canto a la sutileza máxima
Ontañón Mitología 1994 es una joya de nuestra bodega, uno de esos vinos privilegiados nacidos para desafiar el paso del tiempo. Treinta años después, sigue deslumbrando. La pura sedosidad del tempranillo se funde con la tensión del graciano, ambas matizadas por la barrica y el largo reposo en botella. Es un vino complejo y sutil a la vez. Su color rojo rubí intenso, con irisaciones teja, anticipa ya su elegancia. En boca se desliza con fluidez extraordinaria, mostrando una textura sedosa, gran persistencia y una finura exquisita. En nariz destacan notas de miel, especias dulces, vainilla, cuero y tabaco, todo envuelto en una armonía que invita a la contemplación. Un vino que se alia con la memoria.

1994, una de las grandes añadas de la historia de Rioja
La cosecha de 1994 figura entre las grandes añadas históricas de Rioja. Quedaban atrás otras míticas como la de 1962 y la de 1982, ambas catalogadas con la máxima excelencia. El 5 de mayo de 1995, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja calificó por unanimidad aquella vendimia como “Excelente”. El entonces presidente del Consejo, Ángel Jaime Baró, auguró unas perspectivas inmejorables para los vinos destinados al envejecimiento —crianzas, reservas y grandes reservas—. La cosecha, ya comparada en su momento con la legendaria 1964, se redujo un 5 % en volumen respecto a la de 1993 y alcanzó los 177 millones de litros, de los cuales 167 millones fueron calificados. De ellos, 129 millones correspondieron a tintos, 21 a rosados y 17 a blancos. La noticia fue recogida por Ignacio Martínez en El País, quien explicó el riguroso proceso de calificación: las muestras se toman directamente de los depósitos de fermentación y se analizan en las estaciones enológicas de Haro, Laguardia y Olite. Posteriormente, los comités del Consejo evalúan color, tipicidad, olor, limpidez, sabor y calidad. El organismo cuenta además con un centenar de catadores expertos, de los cuales quince forman el comité de apelación al que puede recurrir el elaborador en caso de disconformidad.
En la memoria de Rioja, 1994 ocupa un lugar de honor. Treinta años más tarde, Ontañón Mitología revela toda su grandeza: un vino sedoso, complejo y de una finura exquisita que demuestra por qué aquella vendimia sigue considerándose histórica. En nuestra bodega, el recuerdo de aquel año extraordinario perdura y se puede disfrutar todavía hoy a través de Ontañón Mitología 1994, un vino de coleccionista elaborado con uvas de tempranillo y graciano procedentes de nuestros viñedos en la Sierra de Yerga. Tras 24 meses en barrica de roble francés y americano, y 36 meses de reposo en botella, este vino excepcional sigue demostrando por qué 1994 permanece en la memoria colectiva de Rioja.

