En un entorno mágico como es el Templo del Vino de Bodegas Ontañón, dos guitarristas de trayectorias muy distintas conversan sobre cómo dos mundos aparentemente opuestos pueden enriquecerse mutuamente sin perder su esencia. Laura Calderón, guitarrista flamenca con profundo arraigo en la tradición (originaria de Córdoba), y Ekaterina Záytseva, concertista clásica formada en el prestigioso Conservatorio Chaikovsky de Moscú, presentan su proyecto conjunto ‘Luz de Mar’ como un puente cultural entre lo popular y lo académico.
La analogía surge casi de inmediato: “El lenguaje de la guitarra —es decir, la guitarra clásica de Ekaterina y la guitarra flamenca de Laura— tiene un sonido diferente, pero logras algo maravilloso, como en el vino que es la mezcla”. Esta comparación no es casual: tanto el vino como la música requieren tiempo, paciencia y pasión para alcanzar su plenitud, un paralelismo que las artistas y la bodega han querido destacar al elegir este escenario.
Raíces compartidas y diferencias enriquecedoras
Ekaterina Záytseva recuerda que la guitarra clásica española tiene profundas raíces en la música popular y tradicional: “Compositores como Manuel de Falla, Enrique Granados o Isaac Albéniz bebieron directamente de ese folclore”. Sin embargo, el camino inverso (llevar la precisión y el método clásico al universo del flamenco) resulta igual de revelador.
“Yo aporto la precisión y el método; Laura aporta el duende, el ritmo y la improvisación propia del flamenco”, resume Ekaterina. Laura Calderón completa la idea al explicar las diferencias técnicas: “La técnica que usa Ekaterina es muy diferente de la que uso yo. En el flamenco trabajamos mucho el compás, el ritmo, diferentes rasgueos… mientras que en la clásica hay un trabajo de limpieza del sonido impresionante”. Un detalle histórico interesante que surge en la conversación es la evolución de ciertas técnicas: el tremolo flamenco moderno, popularizado por figuras como Sabicas, se toca con cinco notas en lugar de las cuatro tradicionales de la guitarra clásica. “Es una evolución de la técnica clásica adaptada al carácter rítmico y expresivo del flamenco”, apuntan.
El proceso creativo: escucha y respeto mutuo
El corazón del proyecto “Luz de Mar” radica en la adaptación de piezas para que dos guitarras con personalidades tan marcadas puedan dialogar. “Lo fundamental ha sido la escucha mutua y el respeto por la tradición de cada disciplina”, coinciden ambas artistas. No se trata de imponer un estilo sobre el otro, sino de encontrar puntos de encuentro donde ambos se potencien.

