PABLO GARCÍA-MANCHA
La Garnacha es originaria de España, con un consenso mayoritario que sitúa su cuna en la región del antiguo Reino de Aragón (noroeste de España), probablemente desde el siglo XII o incluso antes. La primera referencia documental clara aparece en 1513, en la obra del agrónomo Gabriel Alonso de Herrera, quien describe una variedad llamada «aragonés» (sinónimo histórico de Garnacha) en la zona de Madrid.
Algunos estudios sugieren raíces más antiguas, posiblemente en el Mediterráneo (con debates sobre influencias de Cerdeña, donde se llama Cannonau y hay evidencias arqueológicas de elaboración de vino con esta uva hace unos 3.000 años), pero las pruebas ampelográficas y la expansión histórica apuntan firmemente a Aragón como punto de partida principal. Desde allí se extendió por la Corona de Aragón (incluyendo Cataluña, Navarra y territorios como el Rosellón), cruzando los Pirineos hacia el sur de Francia (donde se conoce como Grenache y es clave en el Ródano), y más tarde a otros continentes.
La variedad destaca por su resistencia: es rústica, tolera suelos pobres, secos y áridos (silíceos, arenosos, pedregosos o calizos en laderas), resiste la sequía, el viento y malas labores, y madura tarde, lo que le permite alcanzar altos grados alcohólicos en climas cálidos. Históricamente, su gran expansión en España se produjo a mediados del siglo XIX gracias a su resistencia al oídio (epidémico en 1854), y especialmente tras la filoxera (finales del siglo XIX y principios del XX), cuando se replantó masivamente en muchas zonas.
Llegada y expansión en La Rioja
En La Rioja, la Garnacha no es la variedad autóctona dominante (ese rol lo tiene el Tempranillo), pero su llegada está ligada a las mismas crisis sanitarias. La primera mención escrita en Rioja data de 1846, en un manuscrito de la Casa de las Señoritas de Briñas, que habla de vinos con mezcla de Tempranillo y Garnacha para exportación a Ultramar. Tras la filoxera, la Diputación Foral de Navarra (bajo Nicolás García de los Salmones) impulsó la recuperación del viñedo, facilitando injertos y trasvases desde Navarra hacia Rioja. En el Congreso Nacional de Viticultura de 1912 (en Logroño), García de los Salmones destacó a Quel como el principal núcleo de Garnacha en Rioja, junto con otras variedades locales.
Hoy, la Garnacha representa alrededor del 18% del viñedo riojano (segunda variedad más plantada), sobre todo en la Rioja Oriental (antes Baja), donde aporta jugosidad, cuerpo y fruta a las mezclas.
Vinculación especial con Quel y Ontañón Familia
Quel (en la Rioja Oriental, al pie de la Sierra de Yerga) es el pueblo más emblemático en la historia de la Garnacha riojana: se considera el primer núcleo documentado donde la variedad se unió al «hombre» en la zona, y un paradigma de biodiversidad vitícola. En 1912 ya se le identificaba como cuna principal de Garnacha en Rioja.
Sus viñedos históricos crecen en laderas, valles y yasas con suelos profundos pero pobres, cantos rodados, solanas y altitudes en el límite de cultivo. El paisaje incluye olivos, almendros, frutales (cerezos, ciruelos), plantas aromáticas mediterráneas (romero, tomillo, jara, aulaga, enebro) y un bosque de carrascos y pinos piñoneros. Esta rica biodiversidad (como defiende François Chartier en su concepto de «terroir») influye directamente en los aromas de las uvas: notas sedosas, finas, minerales y de frutos rojos silvestres.
Ontañón Familia, arraigada en Quel desde hace generaciones (pueblo natal de la familia Pérez Cuevas), ha recuperado en la última década viñas antiguas de Garnacha y plantado nuevas con material genético local. Destacan parcelas como El Arca (finales del siglo XIX, menos de 1 ha, una de las viñas más antiguas de la DOCa Rioja) y otras remotas en la Sierra de Yerga con plantas de más de 30 años (muchas en vaso tradicional).
El vino Ontañón La Garnacha (de la colección Insólitos) es 100% Garnacha de estas viñas remotas: expresa la tradición riojana oriental de Quel con finura y elegancia. Se elabora con maceración prefermentativa en frío, fermentación con levaduras locales, y crianza corta en barricas mixtas (70% americano, 30% francés) para taninos dulces y sedosos. El resultado es un vino fluido, delicado, con notas minerales, frutos rojos silvestres (cereza, ciruela, fresa), acidez vibrante y postgusto aterciopelado.
En resumen, aunque la Garnacha nació en Aragón y se expandió por el Mediterráneo, Quel representa su llegada pionera y más arraigada a La Rioja, gracias a su historia post-filoxera y su ecosistema único. Ontañón Familia la rescata como un tesoro local: no solo una variedad resistente, sino una expresión viva de biodiversidad, tradición y elegancia en la Rioja Oriental.
