Entendiendo el vino como una obra de arte, desde la tierra hasta la copa, Ontañón cultiva en propiedad 250 hectáreas de viñedos.
En las viñas Ontañón, la vida de cada cepa se cuida como los padres lo hacen con sus hijos. Y los racimos se vendimian sólo cuando la uva ha alcanzado su maduración óptima.
La Montesa, situada en la ladera del monte Yerga a una altitud límite de cultivo en la zona. Sus suelos arcillo-calcáreos varían su colorido conjugándose con los relieves del terreno. Aquí, a esta altura, la Tempranillo alcanza una extracción y finura dignas de la más alta calidad.
En un cruce de caminos, se asienta la viña Siete Caminos. Allí se cultivan cepas de Tempranillo y Garnacha, sin olvidar un rinconcito de Graciano, sello de nuestra bodega.
Rihuelo, con suelos profundos y ferrosos, que determinan el cuerpo y vigor de los vinos de Ontañón.
La Pasada, la más salvaje de todas. Colinas entrecruzadas y asimétricas de belleza inigualable para el amante de la naturaleza. Rodeada de montes que le confieren un microclima característico, es frecuente ver en ella animales salvajes: corzos, jabalíes, perdices…
Este es el origen de nuestros Crianzas, Reservas y Grandes Reservas.